Después del catre de hoy de pocho-chufin veo con asombro (y vergüenza ajena) que el nuevo escotecs llega con loción de karité :-SResulta que el dichoso karité es un árbol africano que crece de forma espontánea en la sabana (claro, esto para diferenciarlo de los árboles que crecen conscientemente en la pradera, no?).
La loción de karité (no sé yo si la que venden en el super de debajo de mi casa recurrirá a tan lejana materia prima) y la mantequilla y tó lo que quiera que hagan con la nuez, que no veas si le sacan jugo (toma juego de palabras elaborao) sale de este árbol que al parecer es sagrado allí, pero estas tonterías nos dan igual porque el beneficio es muy jugoso (¡y otro juego de palabras elaborao! Estoy que me salgo) y al parecer es buenísimo en cosmética: “el gran beneficiado es tu cutis”. Bueno, mi cutis y tu bolsillo. Y ahora también, mi culo. Sin comentarios.
Que podría ponerme a explicar por qué me parece ridículo ponerle crema hidratante al papel higiénico, porque pasar de limpiarme con las hojas de los árboles o papel de periódico o cualquier variante rugosa, al suave papel higiénico, me parece un gran avance, pero es que a partir de ahí es redundar en lo extravagante (burgueses! qué va a ser lo próximo: freír con aceite de oliva?).
Hablando de extravagancias (mira tú, que bien traído, al hilo de mis sesudos juegos de palabras) las de l@s famos@s y sus solicitudes logísticas: la pija que quiere agua mineral saliendo de la ducha (peazo ingenieros los de ese hotel, ríete tú), la que quiere perfumar el recorrido al escenario con esencia de gardenia (un pedo me tiraba yo en su gardenia)... Desternillante por absurdo.
Como conclusión, me quedo con una frase de Zsa Zsa Gabor:
“Sólo busco en la vida un hombre comprensivo y cariñoso, ¿es mucho pedir en un millonario?”
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