Como parece que hace sol, te pones una falda y recuperas una camiseta de tirantes y te encaminas hacia el Prado (en metro, XQ aunque en bus ves por dónde vas, también tardas más). Al Jardín Botánico, nada del otro mundo, ni comparación con el de Medellín. Saliendo, te acercas a comer a un KFC (algo adictivo le ponen a ese pollo) un doble menú de "cosito picantillo". Y, según vas paseando tranquilamente por Prado... ¡mierda! Te caga un pájaro en el brazo.
Que dices tú ¡¡puaaggghh!! ¡Qué asco! Podía haber sido peor: la caca podía haber sido más grande y/o haberte caído en la cara. No lo pensemos más, que es mu desagradable (sobre todo para mí hasta que he encontrado un baño donde lavármelo).
En medio de esto, lees al Sr. Asimov relatándote las ventajas del uso de la numeración arábiga para la aritmética y del sistema decimal para la medición. "...me ha llegado una carta de un gentleman inglés renegando del sistema métrico, "porque hay tradiciones dignas de ser mantenidas y porque una correcta cantidad de cerveza siempre será una pinta y no un litro ni medio litro." En este sentido también recibí el comentario de una devota inglesa que no era partidaria de enseñar ninguna lengua extranjera porque "si el idioma inglés les sirvió al Profeta Isaías y a San Pablo Apóstol, también me ha de servir a mí." :-S
Desde luego no es tan glamouroso como la Cibeles Fashion Week pero, precisamente, se disfruta más.
IFEMA, viernes, 5 de la tarde, sin comer. En ningún chiringuito, en los que los bocadillos y tapas son tan pequeños que llenan tanto como comer aire, aceptan tarjeta. No hay cajero a la vista y no llevamos efectivo. Pasamos sin comer y vamos directas al "stand" de chocolate. Nos hacemos una foto simulando una portada de revista pero en su web no nos cuelgan, así que no la podremos tener, para entrar al desfile hay que hacer una cola interminable, los "parabanes" con muestrarios de ropa de diseñador no tienen nada atractivo (salvo en uno de firma barcelonesa con diseño rococó)... Total que, parafraseando a la piva que nos miró de reojo, con sus zapatos negros de diseño con suela roja y su vestido azul marino ajustado por un cinturón que iba gritando "no he comido desde ayer y no veo las proteínas ni en pintura": "Esto cada año es más vulgar".
Yo aún diría más: O SEA.
Hoy, volviendo, me ha llovido encima, no mucho, pero cuando llega el día en que echas de menos una chaqueta... ¡¡no quedan días de veraaaaanooooo!!



