Lo más mundano de lo más elevado

Entre los más grandes ejecutivos de nuestro país no hay sólo historias de fama, fortuna, competencia y adquisiciones. También hay historias de andar por casa que, a veces, constituyen la chicha de la mentalidad que ha construido un imperio.

A Amancio Ortega, el hombre más rico de España y fundador de Inditex, no le atrae el glamour del mundo de la moda, es de origen humilde, nunca estudió. Una vez iba en el coche y, en un semáforo, se paró a su lado una vespino conducida por un chico con una cazadora vaquera llena de chapas que le llamó la atención. En ese momento llamó al jefe de diseño para explicarle lo que estaba viendo. “Me gustó, vi que había allí algo nuevo, genuino.” En dos semanas las cazadoras estaban en las tiendas y se vendieron como churros. Hay algo sin embargo que el noveno hombre más rico del mundo no puede hacer: vestir la ropa de Zara. Cuando se pasea por las tiendas dice que le enfada no encontrar su talla.

A Isidoro Álvarez, con 75 años y presidente de El Corte Inglés, al día siguiente de que la cadena H&M inaugurara su espectacular tienda en el Palacio de la Gran Vía madrileña, antigua sede el cine Avenida, se le pudo ver dándose un discreto paseo por allí, como si fuera un cliente más, para tomar nota.

En el caso de Juan Roig quien, remando contra corriente apostó por la marca blanca en los años 90, dicen que cuando asomó la crisis reunió a sus proveedores para decirles que tocaba apretarse el cinturón. Para dejar claro que iba en serio, se quitó la camisa ante la estupefacta audiencia y empezó a pellizcarse los michelines. “En época de crisis esto sobra.”

Fuente: ACTUALIDAD ECONÓMICA Septiembre 2010

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