Érase una vez una nena que soñaba con que un día, el que fuera, cuando tuviera pareja, ahí sin prisa, viviendo en el siglo XXI todo se repartiría al fifty/fifty. Que después del inicio del cuento de hadas, cocinarían las perdices a medias y trabajarían los dos.Una se imagina que será una mezcla entre Carrie Bradshaw y Miranda Hobbes (chic, femenina/ista, confiada y con éxito) y un día se da cuenta de que se ha convertido en una Maru (desaliñá, multitarea, atacada y con un señorito en casa).
Que tú piensas que te van a tratar como a una princesa y luego te piden como a una madre; que pasan del "dónde estás, cariño?" a "dónde está mi camiseta? (sin cariño)" Del "te quiero" al "quiero un mini-yo" y del "tú me haces feliz" a "me haces la cena?".
La felicidad no empieza con un castillo (en el aire) sino con un lavavajillas, una señora que venga a planchar y un buen acuerdo pre-nupcial (matrimonio por el rito bancario), esto es: "no soy tu madre ni tu compañero de piso, tus gayumbos te los lavas tú, no pienso levantarme a buscar tu camisa de las reuniones y si quieres una tostada con queso, vete a la cocina y te la preparas, ésta que acabo de untar es pa mí".
El "contigo pan y cebolla" ya no se lleva, la igualdad empieza donde uno la ponga y no hay hombres que no sepan hacer nada, sino niños maleducados que no quieren crecer.
¡Viva la liberación de la mujer! (pero no pienso quemar mi sujetador, que es de La Perla).

