El finaaal del ve-ra-no... ¡llegó!

Triste pero cierto. Aún refulge algún rayito de sol pero la verdad es que el verano y sus terracitas, playas y vestidos han quedado atrás (snif, snif). Ya vuelve a soplar fresco, vuelve la rutina, levantarse aún de noche, la ropa gris... Adiós a los cucuruchos en la calle, la cerveza en la terraza, las sandalias y las 15 horas de luz.

Afortunadamente, antes de que esto llegue, si estás un tiempín como la hormiga, te puedes ir de vacaciones al resort de la cigarra. Este año, que no toca viajar tanto porque lo que toca es cuidar de los pequeñines, por fin he ido a Berlín. No lo conocía. Me ha encantao. Las calles, la gente, el ambiente, los garitos, la música, oír y hablar en otro idioma, comer diferente, estar lejos, dormir fuera, hacer fotos, pisar donde otros hicieron historia... y compartirlo. Un restaurante podía ser un museo de lo hortera y sala de conciertos, un garito de copas con una entrada normal podía ser gótico por dentro, con la pared de piedra y la mejor música, una simple calle puede esconder el secreto más divertido o el edificio colorista con el patio interior más grande que puedas imaginar. Yo sólo me he dejado perder (que se me da divinamente jajaja).

Tempus Fugit.
Nos lo decía cada inicio de clase mi profe de mates, Don Mariano. Novedades del verano: este peazo corte de pelo que me gasto que ha tenido más éxito que la nutella. Ahora viene la época de quedar en interiores, de pensar en planes nuevos... y de tomarse un buen pelotazo pa superar que madrugo tanto que me levanto de noche (que están las calles sin poner cuando salgo).


Próximo plan: Leroy Merlin. Si salgo viva, lo cuento.

Pedalearías por una bolsa de patatas gratis?

Cuando Doslow y su equipo pusieron en la calle la primera máquina de vending a pedales, empezaron a ser conscientes del tremendo poder que estaban adquiriendo para cambiar el curso de la “pequeña” historia de algunos habitantes de Nevada. El concepto era adaptar una bicicleta estática a una máquina de vending para que el usuario, si quería un producto, tuviera que pedalear los kilómetros necesarios para quemar las calorías que iba a ingerir de dicho producto. Inicialmente, los habitantes de Bakersfield optaron por desestimar la nueva máquina de vending instalada en una gasolinera y usaron la de siempre. Pero la gratuidad de los productos y la curiosidad por su funcionamiento empezaron a hacer mella en la reticencia de los parroquianos y, a las pocas semanas, empezaban a formarse largas colas para sacar productos a cambio de sudar la camiseta.

Meses después, las lorzas arraigadas durante años fueron paulatinamente desapareciendo, dando lugar a incipientes tabletas de chocolate. Bakersfield empezó a ser conocida coloquialmente como Olympus City por la cantidad de Adonis y Venus que deambulaban por sus calles.

Doslow, sorprendido por el éxito de su proyecto, dio una vuelta de tuerca al asunto e instaló una segunda máquina cuyo contenido eran artículos de todo tipo: relojes, abalorios, máquinas de afeitar eléctricas... Esta vez, para obtener un producto, el usuario debía contestar correctamente a una determinada secuencia lógica de un test de inteligencia. A medida que a la población le resultaba más fácil, Doslow las cambiaba por otras mucho más complejas. Rompieron la escala.

El programa cayó en desuso cuando ya no hubo retos que superar y la población, desmotivada, volvió a sus antiguos hábitos de sofá, mantita y TV. Desaparecieron las tabletitas de chocolate abdominales, volvieron las lorzas y la TV se encargó de reducir el coeficiente de inteligencia a mínimos históricos. Desde entonces, las poblaciones de los alrededores se tronchan cada vez que pronuncian la palabra Olympus en presencia de un orondo habitante de Bakersfield.

Fuente: Dr. Doslow's Amazing Inventions, por PEP TORRES

Lo más mundano de lo más elevado

Entre los más grandes ejecutivos de nuestro país no hay sólo historias de fama, fortuna, competencia y adquisiciones. También hay historias de andar por casa que, a veces, constituyen la chicha de la mentalidad que ha construido un imperio.

A Amancio Ortega, el hombre más rico de España y fundador de Inditex, no le atrae el glamour del mundo de la moda, es de origen humilde, nunca estudió. Una vez iba en el coche y, en un semáforo, se paró a su lado una vespino conducida por un chico con una cazadora vaquera llena de chapas que le llamó la atención. En ese momento llamó al jefe de diseño para explicarle lo que estaba viendo. “Me gustó, vi que había allí algo nuevo, genuino.” En dos semanas las cazadoras estaban en las tiendas y se vendieron como churros. Hay algo sin embargo que el noveno hombre más rico del mundo no puede hacer: vestir la ropa de Zara. Cuando se pasea por las tiendas dice que le enfada no encontrar su talla.

A Isidoro Álvarez, con 75 años y presidente de El Corte Inglés, al día siguiente de que la cadena H&M inaugurara su espectacular tienda en el Palacio de la Gran Vía madrileña, antigua sede el cine Avenida, se le pudo ver dándose un discreto paseo por allí, como si fuera un cliente más, para tomar nota.

En el caso de Juan Roig quien, remando contra corriente apostó por la marca blanca en los años 90, dicen que cuando asomó la crisis reunió a sus proveedores para decirles que tocaba apretarse el cinturón. Para dejar claro que iba en serio, se quitó la camisa ante la estupefacta audiencia y empezó a pellizcarse los michelines. “En época de crisis esto sobra.”

Fuente: ACTUALIDAD ECONÓMICA Septiembre 2010

Marketing directo en el mercado matrimonial

Los Mandamientos de la bien casada:

1. Ante todo hay que sonreír, tener el pelo muy lacio, preferiblemente rubio, mantener el tipo y no ganar ni un gramo aunque sea verano y haya una heladería en cada esquina.
2. Es imprescindible posar para los fotógrafos, pero nunca hablar con la televisión, ya que podrían darse cuenta de que la aspirante tiene una voz ridícula y el enigma se desvanecería.
3. A pesar de poseer grandes atributos, como ser rubia e hija de millonarios, es fundamental no enseñar las bragas en internet o su caché se depreciará irremediablemente en el mercado matrimonial.
4. Es imprescindible saber montar a caballo y suman puntos el tenis y el yoga. Es preferible que la aspirante no aprenda a jugar al golf o a tripular un barco ya que, aunque sea muy pijo, los potenciales maridos podrían considerar que, siendo mujer, trata de inmiscuirse en un terreno que no le pertenece.
5. La aspirante nunca beberá cerveza, en todo caso un Bloody Mary, una Mimosa, Coca Cola light o, sencillamente, agua con gas y una rodajita de limón. Ya tendrá tiempo de beber gintonics cuando se jubile o se divorcie.
6. Para saber quién es quién en el enrevesado mapa de apellidos de las cortes europeas, que se suscriba a Fortune, Forbes y Vanity Fair.
7. Puede ser envidiosa, pero que no se le note o romperá el hechizo de la distinción. El pecado de la envidia en su caso podría ser un rasgo grotesco, como un lamparón en el vestido. Si quieres ser aspirante a bien casada, procura que tu hermana no escriba un libro acerca de las cabezas que has tenido que pisar para auparte hasta tu matrimonio.
8. Miente, miente siempre y, en todo momento, di que nada ni nadie podría hacerte más feliz que tener una familia como la tuya. No falla.

EJEMPLO:

Las hermanas Miller (Pía Christina, Marie Chantal y Alexandra Natasha) son tres perfectas niñas de sociedad que cumplieron con el destino de un matrimonio de provecho. Su padre, Robert Miller, fue el rey de los duty free. Cuando las hijas alcanzaron la mayoría de edad, encargó a Herb Ritts una sesión fotográfica donde aparecieron vistiendo tres little black dress de gusto impecable. Las fotos fueron enviadas a todas las revistas de sociedad con un breve curriculum de cada una y una información adicional: el magnate había dotado a cada una con una fortuna de 15 millones de euros. Los esfuerzos dieron sus frutos. A los viejos apellidos siempre les ha venido bien sanear sus cuentas corrientes con fortunas burguesas.

Fuente: MujerHoy 28ago-3sept 2010

AVE y nenas


Desde el asiento del AVE, se ve a dos obreros allá en un tejado.
- Me via llevar esta tabla que vale pa hacerme una mesa pa casa, si pillara otra igual...
- Yo no quiero saber nada, via pillar la herramienta y me voy p’alla
- A ver si me llevo también unos remaches de aquí...

Es alucinante lo del AVE, cariño, no se nota nada la velocidad, parece que vamos a 2 por hora. Es que estamos arrancando!

En el trayecto nos ponen la peli “Qué les pasa a los hombres”. No les pasa nada! Las engañadas somos nosotras. Nos imprimen desde bien pequeñitas que si un tío nos trata como un cabr*n es porque le gustamos, pero ellos manejan otro código, por eso no les entendemos y entre nosotras evitamos hacer frente a la verdad y nos protegemos emocionalmente hasta la estupidez. Nos hacemos las encontradizas, preguntamos “discretamente” a sus conocidos (no hay discreción que valga, digas lo que digas SE NOTA).

Cuando no nos llaman, nos pasamos esperando todo un finde, sin alejarnos del teléfono (si es el fijo, en el sofá de casa y, si es el móvil, lo tendremos boca arriba en la esterilla mientras hacemos el saludo al sol, siempre mirándole con el rabillo del ojo, por si suena, preparadas para saltar sobre él al primer tono, con gran autocontrol y madurez). Días después, sin llamar... Habrá perdido mi número, te dices convencida y ninguna de las que se llaman tus amigas te dice nada negativo, muy al contrario, te reafirman en tu teoría absurda de que si no te ha llamado es porque se siente abrumado por tu perfección, tiene celos de tu éxito profesional o ha tenido una tragedia familiar. De repente, hablas con un amigo y él te lo aclara. Te costará asimilarlo o no, pero él te lo dice sin paños calientes: No te ha llamado porque no le interesas.

Hay 2 categorías: inteligente y divertida en la categoría de lo mental y sexy y mona en la categoría de lo físico. Sólo puedes ser 2 cosas a la vez y nadie quiere estar en un solo grupo.