El finaaal del ve-ra-no... ¡llegó!

Triste pero cierto. Aún refulge algún rayito de sol pero la verdad es que el verano y sus terracitas, playas y vestidos han quedado atrás (snif, snif). Ya vuelve a soplar fresco, vuelve la rutina, levantarse aún de noche, la ropa gris... Adiós a los cucuruchos en la calle, la cerveza en la terraza, las sandalias y las 15 horas de luz.

Afortunadamente, antes de que esto llegue, si estás un tiempín como la hormiga, te puedes ir de vacaciones al resort de la cigarra. Este año, que no toca viajar tanto porque lo que toca es cuidar de los pequeñines, por fin he ido a Berlín. No lo conocía. Me ha encantao. Las calles, la gente, el ambiente, los garitos, la música, oír y hablar en otro idioma, comer diferente, estar lejos, dormir fuera, hacer fotos, pisar donde otros hicieron historia... y compartirlo. Un restaurante podía ser un museo de lo hortera y sala de conciertos, un garito de copas con una entrada normal podía ser gótico por dentro, con la pared de piedra y la mejor música, una simple calle puede esconder el secreto más divertido o el edificio colorista con el patio interior más grande que puedas imaginar. Yo sólo me he dejado perder (que se me da divinamente jajaja).

Tempus Fugit.
Nos lo decía cada inicio de clase mi profe de mates, Don Mariano. Novedades del verano: este peazo corte de pelo que me gasto que ha tenido más éxito que la nutella. Ahora viene la época de quedar en interiores, de pensar en planes nuevos... y de tomarse un buen pelotazo pa superar que madrugo tanto que me levanto de noche (que están las calles sin poner cuando salgo).


Próximo plan: Leroy Merlin. Si salgo viva, lo cuento.

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