Había
dejado la puerta del baño entreabierta y le oyó entrar. Casi podía
verle, con el abrigo perfectamente doblado, apoyado sobre su
antebrazo izquierdo, dejando con gesto cansado el maletín en su
despacho.
Sin
cambiarse, con el traje impoluto aún después de las horas de avión,
la buscó por toda la casa, hasta que la encontró en el baño. Ada
estaba en la bañera, cubierta de espuma, rasurándose las piernas con una maquinilla
deshechable de una sola hoja. Las venden mucho más pijas y
complejas, pero siempre le ha parecido una tontería gastarse más
dinero en algo que ya les venden a los tíos tirado de precio, sólo
porque tenga forma curvada y sea de color rosa.
Mientras
recorría con cuidado la zona interior de la rodilla, Víctor
empezó a hablar. Le estaba contando cómo le había ido este
congreso de dos días del que acababa de volver. Cuando llegó a la
línea del bikini, Ada ya había descubierto dos cosas: que Víctor
la estaba mintiendo y que no la importaba en absoluto.
[Continuará...]