martes 29 de noviembre de 2011

2ª parte (empieza en la 1ª parte del CUENTO)

No es que se estuviera liando con otra, quizá ni siquiera tenía que ver con otra mujer, tampoco le estaba notando un comportamiento sustancialmente diferente... eran sus gestos. Sus amigas pensarían que era una gilipollez, pero porque las pobres eran unas ñoñas de mucho cuidado que aún llevaban la misma cinta de seda rosa transparente alrededor de los ojos para no ver. Ada era capaz de darse cuenta de esos pequeños detalles que se habían perdido, ahora no sabía muy bien dónde.

A Víctor le brillaban los ojos cuando se sentaban el uno frente al otro, no hacía falta que ella dijera nada, él tenía esa mirada especial que le había visto cambiar cuando llegaba otra persona. Se reconocía en esos ojos vivos, color caramelo. Pero ahora se había dado cuenta de que la miraba como a los demás.

Tenía también un movimiento rápido con los dedos sobre los bordes de la barba que sólo hacía cuando estaba realmente interesado en algo. Y sólo se lo había visto hacer en las largas conversaciones con sus amigos, siempre regadas con un buen vino y cuando estaba con ella. Lo que la hacía especial, es que podían sentarse uno frente a otro, sin decirse nada, y él siempre hacía ese gesto de sumo interés.

Ahora ya no. Y no es que la importara, porque después de casi 8 años las cosas habían evolucionado de forma bastante diferente a como ella esperaba... O sí, si la importaba, porque si no, no estaría pensando en esto justo antes de dormirse.

Ada nunca lleva nada puesto para dormir. Siempre dice que la ropa es para cubrirse ante los demás pero que en su casa no tiene por qué hacerlo y menos en un momento tan relajado como es meterse en la cama. Por eso sus sábanas siempre son tan suaves y huelen tan bien, porque para ella irse a dormir es como volver a ser un bebé después del baño, justo en el momento en que te masajean con la Nenuco y se te cierran los ojos sin querer.

[Continuará...]