Invisible
tras el negro de mi blusa, les veo salir. La mirada escondida bajo un
mechón rubio del flequillo, la pose distraida. Engominados,
trajeados, encorsetados. Henchidos de orgullo, mostrando el alfa los
machos, adorables, inocentes o experimentadas, mostrando casi nada,
ellas.
Un
espacio pequeño en el que confluyen todos los arquetipos de los
negocios: los que vienen a montar y desmontar, las azafatas, los
directivos móvil en mano sin pararse en nadie, los trajeados,
disfrazados intercambiando tarjetas como cromos y comentarios como
pañuelos de seda por delante, como dagas punzantes en los murmullos
de detrás.
Quién
viene en realidad por la conferencia? Quién por los regalos? Quién
por los canapés? Quién por justificar el día? Quién por contactar
con alguien? Quién por recuperar el contacto con otro alguien?
Quién simplemente por trabajar, esperando que pase el día?
Si
nadie supiera mentir, cuál habría sido el título real de esta
conferencia? Qué se dirían unos a otros? Cómo vestirían?
Mi
deseo no es que por un día no puedan mentir. Mi deseo es no saber
nunca esta verdad.
No
me hagas mucho caso, será la falta de costumbre...
