lunes 17 de octubre de 2011

me quedé hipnotizada con tus manos...

Al principio, sólo te vi las manos, de dedos largos, blancos y suaves al tacto, moviéndose con agilidad sobre la pantalla táctil de tu tablet. Me hechizaron y se me olvidaron las normas de educación y me quedé fijamente mirando cómo se movían, frágiles pero masculinas, con un anillo en un dedo corazón, plateado, con un bajorrelieve de símbolos celtas.

Hice lo posible por acomodarme en el asiento de enfrente. Coloqué mis cosas. Las piernas recatadamente juntas, el bolso sobre las rodillas y saqué mi libro. Sólo para disimular, porque no podía quitarte los ojos de encima. Una camiseta de algodón gris cuyo cuello comenzaba un poco más abajo, con 3 botones en el pecho. Ligera, caía sobre la piel blanca, sin apenas vello, sugiriendo sin marcar los músculos de los brazos. Arremangada hasta medio antebrazo.

Unos pantalones vaqueros que con dificultad te llegaban a los tobillos (1'90?) dejaban ver unos calcetines grises, desgastados, la goma resbalando por la pierna. Y sobre ellos, unos zapatos altos de tela fina marrón camel, con doble lazo en los cordones.

Rubio, atlético, de ojos claros y piel blanca, fina y perfecta, con apenas el vello justo... y esas manos que me estaban hipnotizando, que no podía dejar de observar. Rápidas, sutiles, proporcionadas, hermosas.

La búsqueda de la belleza a veces se complace en un lugar cualquiera, en un vagón de metro. Yo me quedé hipnotizada por tus manos...