A
veces, es verdad, no hay diferencia entre un mes y el anterior,
aunque haya habido un cambio tan suma o relativamente importante como
cambiar de decena. Los 30. Esperas un significado, una reflexión, un
punto de inflexión y no lo encuentras, salvo donde menos te lo
esperas: comiendo un martes con un amigo.
No
tiene mucho que ver con el estado de ánimo, aunque puede q también.
Quizá sea más una cuestión de confianza, de “ya no pasa nada si
digo lo que pienso, me conoce, no se va a enfadar y si se enfada no
le durará, porque soy yo”. Y ahí empieza, con una ensalada de
pasta, la sacudida.
Has
llegado a este punto en la vida y quieres pensar que has llegado
decidiéndolo tú, que no es la vida la que te ha arrastrado hasta
ahí, que eres feliz con lo que tienes porque incluso te sobra lo que
otros ni han encontrado, que tu tiempo es tu libertad y tu juventud
un regalo. Pero tienes delante un amigo y su coco te sacude las
piezas del tetris y dos de ellas caen. Y se lo agradeces.
Y
si estás en este punto sin haberlo decidido? Y si estás porque la
vida simplemente te ha traído aquí? Dónde quieres estar dentro de
5 años? O dicho de otro modo, dónde no quieres estar? En qué estás
empleando tu talento? Tu tiempo es una responsabilidad para contigo
mism@, no te apetece replantearte tus decisiones?
Todo
lo que creía encajado, de repente se tambalea. Hasta que dos piezas
del tetris vital se caen. Un día entero de bajona pensando en el
sentido de mi vida en particular, en si alguna decisión habrá sido
equivocada, en si me falta algo, en si estoy derrochando mi tiempo,
en si debería retomar lo que dejé o empezar lo que he deshechado...
Un
día entero de bajona, sin la felicidad de las piezas encajadas por
decisión propia. Un día entero de reflexión para reubicarlas. Y si
no lo consigo?
Finalmente
creo que ya están reubicadas. Nunca podrán quedar en el mismo sitio
después de una sacudida, pero estoy de acuerdo con tu “a veces hay
que dar una sacudida, para comprobar qué está firme y qué se
tambalea”.
Las
decisiones del pasado se han reafirmado, en una mezcla de los mismos
motivos y otros nuevos. Pero sí han surgido motivaciones nuevas, que
vienen de la mano de una lista, espero que realizable, de buenos
propósitos para enriquecer el espíritu.
Al final, la sacudida me ha
servido para ser por fin consciente de que la motivación y la
plenitud intelectual, como la felicidad, no hay que buscarlas en el
exterior, empiezan dentro y se proyectan hacia fuera.
