Leyendo
con
el sonido hipnótico del mar
de
fondo.
No
es para siempre
ni
la imagen ni la paz que deja,
pero
si cierras los ojos y evocas ese murmullo,
su
aliento húmedo te transporta.
Cierro
los ojos y veo
esos
miles de puntitos blancos, oscilantes,
trocitos
del Sol que avanzan hacia mis pies,
bruma
que se pierde sobre la arena
en
el instante siguiente de darme placer.
Pensando,
con
el sonido hipnótico del mar
de
fondo,
si
todo lo demás merece la pena,
si
no se trata de una simple novela
que
sigue su curso casi sin preguntarme,
si
no será esta excepción,
en
mitad de una continua monotonía,
lo
verdadero, el presente.
Esto
es lo único real en la vida.
Este
minuto a solas
con
el sonido, la brisa, tu olor...
Esta
paz
que
me cierra los ojos despacio,
que
me calma, me llena, me habita.
Éste
es el mar que conozco:
suave,
paciente y cálido.
Que
no cesa en su caricia,
que
no deja de invadir mi soledad,
que
recorre todo lo que soy
y
me hace suspirar, pensar y ser feliz.
Éste
es el mar que me gusta:
el
que me hace olvidarlo todo,
el
que pone en mí una sonrisa,
el
que abriga mis recuerdos y descubre mis sueños,
el
que roza mi felicidad con su espuma.
Éste
es el mar que busco:
el
que quiero,
el
que no conoce daño ni tiempo,
el
que siempre me da la bienvenida,
me
mantiene la cabeza erguida
y
el corazón sincero.
Éste
es mi refugio en la vida.