Dices
que te escribía
cuando
era más pequeña.
No
recuerdo qué decía,
ni
recuerdo cómo era mi letra.
Nos
has dado mucho amor,
eso
sí puedo recordarlo.
Estás
siempre en mi corazón,
eso
no puedo negarlo.
Poco
nos has reñido,
a
pesar de las trastadas
y
todas las tontadas
que
hemos hecho siendo críos.
Siempre
estabas ahí,
en
días buenos y en malos.
Siempre
volvemos a ti...
A
encontrarnos con nuestra infancia,
con
tus besos, con tus manos,
con
tus consejos rectores
que
guardamos toda la vida,
como
tú guardas mis poemas
aún,
en uno de tus cajones.
______
Estaba
en Londres y lo vi.
Y
me acordé de cuando nos hablabas de tu infancia,
de
cómo apenas tenías ropa y juguetes,
de
cómo tenías que dejar de jugar para trabajar,
pero
siempre tenías una muñeca de trapo...
Así
que me la he traído desde allí.
Para
ti.
Para
que te recuerde lo hermoso de tu vida,
lo
adorable de tu infancia sencilla,
jugando
en la calle a las tabas, a saltar a la comba, al pilla-pilla...
Para
que sus ojos te recuerden
el
cariño con el que te miramos.