han llegado mis katiuskas

Como tenemos esta sana costumbre de no abrir la puerta y ni siquiera coger el telefonillo cuando llaman si no estamos esperando a nadie, se da la circunstancia de que han llegado mis katiuskas, que yo me pedí por internet y que vienen desde Canadá, y me las han dejado huérfanas de pies en una sucursal perdida por Madrid.

Primero tengo que ser adulta para poder ser niña, porque para poder ponerme a saltar sobre los charcos como un nene de 5 años, tengo que “personarme” en la sucursal ésta (que ni sé aún cómo se llega) y despachar los derechos de importación (qué aduaneros recuerdos... de la “carrera”).

Que ésa es otra: ande esté el aviso que te deja “Correos mercancía internacional” que se quite el albarán de Seur (que son tremendamente incompetentes) pero (siempre hay un pero) a este país le sigue faltando algo: es cierto que hace 30 años en todos los hogares había siempre alguien fueras a la hora que fueras, pero es que en pleno siglo XXI ¡¡trabajamos todos!! y te siguen poniendo lo mismo que en los años 70: “horario de recogida en oficina de 9h a 14h”. ¿Me quieres decir quién leches puede ir a esa hora? Pos ná, a buscarse la vida, a ver cómo le explico al jefe que me tengo que pirar un ratejo a por unas botas katiuskas que me he comprao en internet (pero es que mira que son bonicas las j*días).

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