Por la crema de verduras...

Sabes eso que dicen de que "hoy puede ser un buen día pero seguro que llega alguien y te lo j#de?" Pues se dice porque pasa. Estoy de vacaciones y decido ir a una casa museo a ver un par de expos interesantes. Está lejísimos de mi casa, pero resulta que hay un bus a mi puerta que me deja a la puerta. Son muy pequeñas, un par de fotos me gustan, pero no tardo nada en verlas, nada nuevo bajo el sol aunque sí me recuerdan a alguien.

Directa a la cafetería a por algo caliente, que estamos a bajo cero. No es que el grajo vuele bajo, es que va en metro. Y con mi café ojeo uno de los folletos que tienen, curioso por su diseño y su nombre. Encuentro un sitio majo para ir a comer que resulta no estar muy lejos. Casualmente llevaba yo uno de mis planos manus-dibujado (carezco de sentido de la orientación, es para compensar mis virtudes, que son dos: que sé leer y
escribir).

Monísimo el sitio. En madera pintada de colores, ladrillo pintado, con un menú barato y diferente, tan rico como el café. La pared con la expo de dibujos de una dibujanta con unos relajantes trazos infantiles y adorable mezcla de colores, sobre pequeñísimos lienzos y una estantería quasi repleta de libros cogibles, otro de los atractivos del local.

Escoges un sitio, en la única mesa con luz natural, junto a la ventana. También junto a un señor en principio correcto, libro en mano y copa de tinto. En cuanto te dirige la primera frase, sabes que te has equivocado eligiendo mesa, pero no le das coba y le dejas muy claro que no gustas de conversar con desconocidos.

La comida está deliciosa: esa cremita de verduras y el sandwich de roast beaf con rúcula, cebolla caramelizada y mostaza, ñam, ñam. Pero el hombre, quiero creer que influido por el alcohol (gin-tonic a las 3 de la tarde) continúa con sus comentarios, ofensivos no por desagradables sino por fuera de lugar. Y luego que si soy borde, pero es que me obligan. Finalmente se fue, no sin antes volver a molestar.

A pesar de todo, me quedo con el sabor de la comida, las gafas negras de pasta enormes de la camarera y su cariño, reina, guapa para todas, el olor de las tartas caseras, el color azul cielo de la pared, el rato de lectura, las imágenes de las expos, el paseo por Madrid, la cita posterior para el café y mi aprendizaje de hoy: conseguir ser directa sin ser borde y desarrollar mi paciencia hasta límites que desconocía.

Y, de nuevo pesar de todo, es seguro que volveré. Esa crema de verduras es irresistible y no es que yo carezca de habilidades culinarias, es que las tengo sin explotar, aún.

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