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cuando lo retro llega a ser pretencioso

Hay una línea muy fina entre lo kitsch, retro, vintage que es adorable y lo que es pretencioso y en el garito de hoy la habían soprepasao tanto que si se dan la vuelta ni la ven.

Lo encontré por internet Café Atelier..... ¡Qué bonito! Con esos sillones orejeros con el estampado de casa de mi abuela y los cojines y la exposición de grabados y... Pues y poco más. Música de Louis Armstrong, poquita luz a las 6 de tarde de un domingo grisáceo, con una señora haciendo un boceto con esa iluminación tan escasa, las cervezas a precio de champán, el camarero con camisa y americana, los grabados a 100 pavos el más barato... Me quedao helá. Con la factura y con que se ve que no ponen la calefacción. Ninguno de los 3 que estábamos nos hemos quitao la bufanda.

Total, que donde estén los cafés librería que pueblan Madrid... ¡ésos nunca defraudan! Estanterías repletas de libros interesantes colocados con esmero y café con una galletita al lado. Aquí libros pocos, revistas de hace meses, grabados carísimos, poquísima luz, baños hippies (sin pestillos)...

Una cosa os digo: atelier, de toa la vida sa dicho “taller”. Que últimamente estamos mucho con esas chorradas: que si muffin, que si muppet, que si atelier... ¡¡magdalena, teleñeco y taller!!

con un buen café, sobran las penas

Si va a ser verdad eso q decía mi madre que cuanto más pijas, más guarras (y viceversa). En fin, nada que no se arregle con un café en un sitio chulo, al lado de la ventana, al sol, leyendo un rato. Sonará a tontería, pero sí que es verdad que donde pagas un poco más, te atienden mejor. O acaso has oído alguna vez a un reponedor del dia decirte “por aquí, por favor, señorita”? Pues en el hipercor sí.

Esta semana la he cagao, mucho. En tonterías, como poner un sello que no es, reservar en el restaurante que no es... Pero si vas sumando, uno podría pensar que soy una incompetente, y por dios que ésa es una de las últimas cosas que me gustaría que nadie pensara, prefiero que me llamen borde.

A través de la ventana del café, se ve ciudad: coches, torres y el centro comercial. Se hace agradable con el sol, sabiendo los problemas que crea (entre otras cosas de logística y transporte) vivir lejos, pero a veces pienso que sería agradable tener un sitio al que escapar para respirar. Parece que una nube de polvo de Africa se acerca a la ciudad. Quizá por eso me ha venido el tema a la cabeza. Últimamente pienso a menudo en el aire que respiramos aquí, antes de que sea tarde, ¿me gustaría poder trasladarme?

Todos los años cuando se acerca la temporada del buen tiempo y más cuando ya la tengo encima, y desde hace mucho tiempo, pienso en que, viviendo en la ciudad, me estoy perdiendo un montón de cosas, que mucha gente estará haciendo cosas que yo me estoy perdiendo, o que no estoy sacándole todo el jugo al buen tiempo, que podría ser maravilloso. Después pongo en mi cabeza pensamientos positivos y me emplazo al año siguiente. En algún momento me gustaría empezar... Un hobby outdoor... O muchos...

Con todo, nada es malo, la vida es sencilla, agradable, tengo muchas ganas de sonreír. Aunque eso de levantarse por la mañana lo dijo uno que no tenía que madrugar a las 7am.

Por la crema de verduras...

Sabes eso que dicen de que "hoy puede ser un buen día pero seguro que llega alguien y te lo j#de?" Pues se dice porque pasa. Estoy de vacaciones y decido ir a una casa museo a ver un par de expos interesantes. Está lejísimos de mi casa, pero resulta que hay un bus a mi puerta que me deja a la puerta. Son muy pequeñas, un par de fotos me gustan, pero no tardo nada en verlas, nada nuevo bajo el sol aunque sí me recuerdan a alguien.

Directa a la cafetería a por algo caliente, que estamos a bajo cero. No es que el grajo vuele bajo, es que va en metro. Y con mi café ojeo uno de los folletos que tienen, curioso por su diseño y su nombre. Encuentro un sitio majo para ir a comer que resulta no estar muy lejos. Casualmente llevaba yo uno de mis planos manus-dibujado (carezco de sentido de la orientación, es para compensar mis virtudes, que son dos: que sé leer y
escribir).

Monísimo el sitio. En madera pintada de colores, ladrillo pintado, con un menú barato y diferente, tan rico como el café. La pared con la expo de dibujos de una dibujanta con unos relajantes trazos infantiles y adorable mezcla de colores, sobre pequeñísimos lienzos y una estantería quasi repleta de libros cogibles, otro de los atractivos del local.

Escoges un sitio, en la única mesa con luz natural, junto a la ventana. También junto a un señor en principio correcto, libro en mano y copa de tinto. En cuanto te dirige la primera frase, sabes que te has equivocado eligiendo mesa, pero no le das coba y le dejas muy claro que no gustas de conversar con desconocidos.

La comida está deliciosa: esa cremita de verduras y el sandwich de roast beaf con rúcula, cebolla caramelizada y mostaza, ñam, ñam. Pero el hombre, quiero creer que influido por el alcohol (gin-tonic a las 3 de la tarde) continúa con sus comentarios, ofensivos no por desagradables sino por fuera de lugar. Y luego que si soy borde, pero es que me obligan. Finalmente se fue, no sin antes volver a molestar.

A pesar de todo, me quedo con el sabor de la comida, las gafas negras de pasta enormes de la camarera y su cariño, reina, guapa para todas, el olor de las tartas caseras, el color azul cielo de la pared, el rato de lectura, las imágenes de las expos, el paseo por Madrid, la cita posterior para el café y mi aprendizaje de hoy: conseguir ser directa sin ser borde y desarrollar mi paciencia hasta límites que desconocía.

Y, de nuevo pesar de todo, es seguro que volveré. Esa crema de verduras es irresistible y no es que yo carezca de habilidades culinarias, es que las tengo sin explotar, aún.

Ta' chapao

Igual en un momento dao termino yo de entender, dentro de 20 ó 30 años, por qué los dueños de los cafés y las tiendas chulas cierran en festivo y los sábados por la tarde. Si entre semana uno trabaja y está cansao pa irse hasta el centro a ver ese garito chulo del que le han hablao y gusta de ojear y hacer compritas de camino hasta allí desde el metro, pero los días que uno realmente va con ganas, que son esos sobrios domingos por la tarde o ese viernes de puente en que la ciudad está vacía, ¿por qué le condenan a uno a quedarse con la nariz pegada al escaparate de un local cerrado?

Cierto es que todo trabajador se merece sus días de asueto, no voy a negárselos yo pero, ¿no se ve más negocio, pienso yo, cerrando p.e. el martes por la tarde, cuando todo el mundo trabaja, y abriendo el sábado por la tarde y/o el domingo o día de fiesta, que es cuando los que nos quedamos disfrutamos de la ciudad y los turistas vienen a dejarse las perracas?

Qué bonito sería encontrarse la cafetería abierta después de 45 minutos en transporte público en un día de fiesta, cuando todo está medio vacío y no hay que hacer colas, ni tomarse las tapas de pie, ni esperar por la prensa del día... Y recomendar en tu blog ese sitio, porque te ha parecido chulísimo, porque has estao a gusto y porque te han puesto el mejor café de los últimos 20 años (que es más de lo que llevas tú tomando café).

No me va a cundir la petición, pero yo aprovecho por si cuela: la próxima vez que esté abierto, que sea bonito (esto es, decoración singular y con estilo), con buena música (anterior a OT y de la parte norte de ambos hemisferios, salvo claras excepciones), a falta de tiendas abiertas, que tenga una exposición de artistas noveles o mercadillo (esto es más una sugerencia complementaria que una conditio sine qua non), que sea un lugar donde te sientas a gusto y tenga luz para leer, que te rodeen de libros y prensa (la deportiva no cuenta, aunque tenga la misma forma, claro que, al hilo del post anterior, hay ocasiones en que casi ningún periódico puede considerarse prensa seria), que pongan un buen café y, en contra de lo que cierta gente dice que pasa en pucela, que te sonrían.

Yo por si cuela...