Los irreductibles

Todos los garitos están ocupados por la pseudo-música. ¿Todos? ¡No! Un garito poblado por irreductibles melómanos resiste todavía y siempre al invasor.

Tiene la señal freak inconfundible en la puerta así que repetimos, y no defrauda. Ya la decoración te deja pasmada: el reloj del ayuntamiento de Regreso
al futuro, el busto de Darth Vader, la pared forrada de cómics, figuritas de super Mario y Luigi, de Indiana Jones, de Pinocho, Robocop, Laurel & Hardy, Mr. Potato, el Dr. Zoidberg... Un cuadro de La escuela de Atenas con Marilyn Monroe, Batman, el Zorro, Jessica Rabbit, James Dean, Fellini, los dálmatas, Groucho Marx, Charles Chaplin, R2D2 y C3PO...vinilos, ordenadores y consolas antiguos, pegatinas de dibujos animados en la barra, primeros planos de personajes como Freddy Mercury, Ronald Reagan, Mr. T o Stallone y una gran pantalla donde proyectan la mejor música: Madonna, Spin Doctors, Billy Idol, Queen, Franco Battiato, la abeja maya...

La noche entera se hacen minutos. Se llena tardísimo. Su público es fiel y variopinto (esta última vez, ha aparecido un señor disfrazado de pivón, con pelucón pelirrojo, salto de cama, medias, liguero y tacones :-)

Aquí la gente no carece de criterio musical, no tararea Bisbal pero sí canta a voz en grito Duran, Duran. Ya no te sientes en medio de un movimiento que no compartes. Aquí la gente sonríe al mismo himno que tú.

Otro momento divertido lo ponen locomía y, cuando la noche ya está muy avanzada, en el frío del exterior mientras buscas un taxi, no sólo sabes que volverás, sino que al día siguiente te encontrarás en tu casa escuchando de nuevo las mismas canciones, ésas que ya sonaban antes de que definieras tu gusto musical, antes incluso de que hubieras nacido, pero que te han movido, por dentro y por fuera, una vez más.

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