Kissy, pe-que-ñi-taaa

Hay quien no lo entiende, aunque por compromiso te dice "lo siento". Hay quien lo siente de verdad, pero no te entiende. Hay quien no lo siente en absoluto y hay quien, no sintiéndolo, además te lo hace saber sin remordimiento. El amor es libre y cada cual lo expresa y se lo entrega a quien le apetece. No tiene por qué ser una persona, puede otro ser vivo, incluso una cosa. Alguien o algo que te hace feliz. Puede ser un gatito. En este caso, una gatita.

Ella era tricolor, pequeñita, frágil y adorable. Ella era especial, se hacía notar, te pedía mimos, te miraba con sus grandes ojazos y ya no podías reñirla por cagarse en cualquier rincón (no es que se cagara, es que tenía opinión política). Te miraba y te engatusaba, así que no te quedaba más remedio que darle una gambita, hacerle un mimo, ponerle una cunita y mandarle una sonrisita.

Ella era la chiquitina de la casa, la que más cuidados necesitaba, la que más ternura daba, a la que más se protegía y la que más ñoña se ponía. Ahora ha dejado un hueco en un hogar y en los corazones de los que la conocimos, la mimamos y la quisimos. Si pudiera decirnos algo espero que fuera que la hicimos la mitad de feliz de lo que ella nos hizo.

Besitos, cosita dulce. Besitos, cosita adorable. Besitos.

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