Con
el más sincero agradecimiento al personal de hospital público en el
que pasé 7 días, ese 95% que son cariños@s y te llaman por tu
nombre. El hecho de llamarlo “todo incluído” es sólo un recurso
humorístico para afrontar el dolor y la incertidumbre, sin ánimo
de ofender en estos tiempos de recortes.
Un
dolor de la hostia una noche, como muchas otras en las que he pasado
horas retorciéndome, me hace terminar en urgencias de la clínica.
Esta vez en lugar de chutarme algo para el dolor, se ponen a hacerme
pruebas (recuerdo: retorciéndome). A eso de las 21h deciden (o
diagnostican, no ví la diferencia) que tenía apendicitis. Yo
no me encontraba tan tan mal, así que, cuando llegó el cirujano, se
me presentó como un comercial de CCC y me dijo que se lavaba las
manos, se ponía de verde y esa noche me operaba, como no era la
primera vez que se me presentaba el cirujano de la clínica, con las
mismas me fui a un hospital. Allí me miraron raro por moverme y me
empezaron a hacer pruebas, las mismas (casi todas). Y llegaron a la
misma conclusión. Y es curioso, porque estuve yendo a las pruebas
por mi propio pie y dicen que con una apendicitis te estás muriendo
del dolor...
Una
vía, pruebas, zona de amarillos, una cama... Al día siguiente me
operaron y resultó ser incluso peor que una simple apendicitis. Y
ahí empieza mi estancia en el todo incluido, de donde debí haber
salido a los 2 días, pero me gané una semana por mi cara bonita
(más bien febril).
Menudo
suplicio intentar dormir, no sé si por el antibiótico, por
la febrícula... El caso es que al cabo de una hora de estar en la
cama, las sábanas y el camisón acababan empapados. Como si se me
hubiera caído una jarra de agua. Me iba moviendo de un lado a otro
de la cama, pero en una cama de 80cm, a las 5am ya no hay forma de
dormir. Una noche me plantée irme a dormir a la silla. La quinta
noche cuando la enfermera CCC (para conocerla hay que seguir
leyendo) me estaba poniendo el antibiótico, como me mojó un poco la
sábana porque, según ella, la vía no funcionaba (este caso también
se cuenta más adelante), dijo que iba a llamar para que me las
cambiaran. Estaban tan empapadas, como siempre, que hasta la auxiliar
que vino me dijo que si me volvía a pasar me iba a reñir como no
llamara para cambiarlas, me dieron otro pijama. Qué gustito meterse
en sábanas limpias y secas. A la hora estaba todo empapado
otra vez. Y así TODAS las noches. Creía que era de la cama
de allí, hasta q llegué a casa y me siguió pasando hasta que
terminé el primer ciclo de antibiótico: UNA SEMANA de noches casi
sin dormir. La última noche conseguí conciliar algo más el sueño,
con unos tapones (porque las compañeras y los familiares que llegan
a las 7 u 8 de la mañana ni hablan bajo ni apagan el móvil).
He
comido carne. Después de 2 años y medio sin comer carne roja,
un año y medio sin comer nada de carne y 3 meses siendo vegetariana,
en el todo incluido comí carne. Parece como si no pudiera hacerse
nada sin carne. Croquetas de jamón, macarrones con jamón, arroz con
pollo y de 2º alitas de pollo... El día de ese arroz con pollo, ya
era el tercer día que comía carne. Nunca me quejé, porque por
mucho que haga humor, es un hospital no un hotel y no tienen por qué
hacer recetas especiales y, lo más problable si les dices que eres
vegetariana, es que te traigan todos los días crema y ensalada y no
puedes tomar un antibiótico fuerte sólo con ensaladas. Así que
comí. Con asco, con desgana, con cargo de conciencia, comí.
Y el arroz con pollo del tercer día (el tercer día que comía,
llevaba 5 días en el hospital) me sentó mal. Por la tarde aún
notaba que no había conseguido digerirlo. Para la hora de la cena
pedí una manzanilla (por favor, si es posible, siempre con modales y
sin ánimo de molestar, siendo consciente de que no estás en casa de
tu madre). Cuando por fin se me asienta el estómago, con el último
trago de manzanilla, me dejan la bandeja de la cena. Carne asada
con salsa, patatas y guisantes. El olor me resultó tan
repugnante que sentada delante, con lo que me costaba con la
herida colocarme la silla para sentarme a cenar, me volví a levantar
y, con una arcada, lo saqué al carrito de las bandejas en el
pasillo. Esa noche cené, feliz, una sopa de verduras con picatostes
y una pera. Y descubres que hay opiniones sobre tu forma de vida que
no te habían confesado y que a tu decisión fundamentada lo llaman
“la dieta ésa que sigues tú”. He decidido no evangelizar. Tú
quieres chuletón, yo quiero garbanzos.
En
casa por fin huele a cocido vegetariano y hay un delicioso
silencio con el que sentarte a leer. Y cuando te duele, puedes
tumbarte sin más, con un analgésico y dormirte sin ruido hasta que
se te pasa. Que ya sé que no hay más remedio que compartir
habitación, porque es un hospital no un hotel, pero qué bonito
sería que sólo hubiera un visitante por paciente, que la tele no
estuviera o fueran obligatorios los cascos, que los móviles no
sonaran, sólo vibraran, que la gente respetara el sueño y no se
diera paseos hablando por el móvil por el pasillo a las 7 de la
mañana o a las 11 de la noche, que te cedieran el paso los
visitantes cuando vas por el pasillo caminando a 2 metros por hora en
tu primer día fuera de la cama, que no intentaran trasladar las
costumbres de su casa a una habitación compartida y te cerraran
puerta y ventana cuando te mueres de calor por las décimas de
fiebre, que no fuera necesario ponerte unos tapones para poder
morirte de dolor a gusto en tu cama, con la cortina corrida mientras
te hace efecto el analgésico y el dolor te hace llorar. Qué
bonito sería si hubiera modales, respeto y consideración.
Porque si para los acompañantes es duro estar en el hospital, ojalá
recordaran por qué se llama hospital y no hotel. Y ojalá los que
dejas fuera, los que te conocen y comparten actividades contigo,
recordaran también que no te has ido de fin de semana a pachá, que
no estás de relax con un mojito en una tumbona, que no estás
para preguntas ni consultas, que estás en un hospital.
La
vida sigue... Y te sonríe. Porque los que importan están ahí
toooodo el tiempo. En el chat, por teléfono, de visita... Y
sentirse querido cuando lo que más notas es dolor, es muy bonito.
Pero el caso es que ninguno trae nolotil ni bizcocho ;P


