Como dice Carrie a la nena a la que le está leyendo un cuento de princesas (ya sabes, el “vivieron felices y comieron perdices”) en un capítulo de LA SERIE: “otra que va a caer”.Sí, no sé cómo, porque es una mezcla de muchos contenidos pero que, curiosamente interiorizamos desde muy pronto y sólo las niñas, dedicamos un esquema mental a encajar (más tarde la vida nos enseña que, si acaso, con alfileres) la consabida frase del “felices para siempre”.
Pero en esos cuentos, juegos, enseñanzas... No nos hablan de las decepciones, las responsabilidades, el cansancio, la mella que hace el paso del tiempo, la rutina... Del proceso de confiar el uno en el otro para mostrarse, de la madurez que exige amar a alguien aceptándolo con sus defectos...
Desde pequeñitas nos forjamos esa ilusión, ese príncipe azul que nos rescata, nos quiere, nos protege y nos hace sentir la mujer más especial del mundo. Sueños, poesía, suspiros... pero también dietas, risas, miradas, coqueteo... Nadie nos explica que en realidad el mundo no es así, que hay que trabajar, madrugar, compartir, ceder, aprender, calmar... ¡Déjate de cuentos!
No es peor de lo que nos imaginamos, es diferente. Porque las princesas de los cuentos vivieron en otra época, su modelo sirve para otro esquema mental. Ahora las princesas somos económicamente independientes, no necesitamos que nos rescaten, no NECESITAMOS. Tampoco QUEREMOS imposiciones, normas ni convencionalismos.
Somos las princesas del s.XXI: inteligentes, independientes, coquetas, con carácter... Buscamos lo que queremos, nos lo ganamos, sabemos que no existen los príncipes azules...
Pero a veces se da. Llega alguien que hace realidad tu propio cuento de hadas y descubres que es infinitamente más maravilloso sentirlo que imaginarlo ;-)
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