artículos km. 0

No sé qué pasa en nuestra cabeza que nos parece normal que la mitad de los productos nos los vendan manoseaos. Tus principios te dicen que no tocarías nada que ya hubiera usado otro e incluso a lo mejor te da repelús comprar en una tienda de 2ª mano y, sin embargo, muchos de los productos que compras no son nuevos sino, to lo más, km 0.

La fruta en la bandeja está manoseá (no seas inocente, no toda la gente se pone guantes y hasta ahora a los niños los dejan entrar en el super), el periódico, libro o revista que te compras lo han ojeao ya 25 (a veces hasta tienes trocitos rotos y te miran mal si pides uno “nuevo”), la ropa que te llevas a casa se la han probao otras tantas antes que tú (alguna con tanto maquillaje que se lo tendrá que quitar con espátula o podría depositarlo de pie en la mesilla pa la mañana siguiente), el móvil, e-book, cámara o portátil ya lo ha mostrado el dependiente a otras tantas personas, que lo han sobeteao y usao antes de que lo compraras...

Y así podrías pensar en mogollón de artículos que te cobran como nuevos y en realidad no están a estrenar, como lo está una caja de bombones, un dentífrico o una cajetilla de tabaco.

Así pues, yo voto porque en las tiendas haya 3 precios: el de los productos nuevos, y con nuevo me refiero a estrenar, prístinamente precintado; el de los productos km 0 (que sería, perdona si me equivoco, que soy de letras, el resultado de restar el precio de ese mismo producto cuando era nuevo menos la amortización por desgaste, uso...) que ya han sido toqueteados por ni se sabe cuánto@s (en el s.XXI ya no puede un@ ni tener el lujo de estrenar el periódico o el libro que se compra porque se lo ha estrenado otro, pero sí te lo cobran entero); y el de los que están en oferta/rebajas.

Me niego a pagar el precio completo por un artículo que ha pasado por tantas manos, de tal forma que ya no sólo no lo estreno yo sino que está maltratado. Que pongan uno de muestra, como con las barras de labios. Reivindico mi derecho a desprecintar!!!

Natural...¿?

Normal es uno de esos conceptos tan manidos que han terminado por perder significado. Uno ya no sabe muy bien, en el s.XXI qué es un comportamiento normal y, de hecho, la palabra hace una separación tan radical que puede resultar incluso ofensiva, siendo ella una palabra sin intenciones de ofender, sino más bien, normal.

Natural sin embargo es una palabra de la que no tengo muy claro su uso, sí su significado y, en algunos casos, me resulta su aplicación un tanto extraña. Será que no soy normal? Vamos a tiendas a comprar productos naturales, acudimos a médicos naturistas, buscamos playas naturistas (mira, aplicao aquí sí lo entiendo...), hay mujeres que optan por un parto natural, hay días naturales, parques naturales, ciencias naturales, abonos naturales, terapias naturales, catástrofes naturales...

En algunos casos, lo que es natural se refiere a lo que es normal, es natural. En otros casos es redundante, un parque es natural de por sí, aunque a mí me parece que la expresión está sin terminar y debería decir parque de naturaleza, porque no tiene por qué ser natural que haya un parque y, si el parque natural es un espacio de naturaleza y un parque es donde se juega, la expresión tiene para mí menos sentido aún. Lo que sí tiene sentido pero no lo encuentro es mi espacio, por ejemplo, en el transporte público, ha dejado de ser naturalmente mío, normal, con tanto móvil sin auriculares...

Y el parto natural? Y los animales a los que no se esteriliza porque lo natural es que tengan camadas y camadas? ¿Y el dolor, es natural? ¡Como quedarse sin dientes a los 70! ¿Y?

YO NO QUIERO LO NATURAL: quiero vacaciones de días hábiles, parto sin dolor, dolor con analgésicos, anestésicos y/o antibióticos, prótesis dentales, conservantes, fungicidas y medicina convencional. No me apetece pagar 3 euros por un frasco de legumbres que en el super cuesta 95 cts total para cocinarlo con chorizo y morcilla y que sepan igual y además sin la tranquilidad de si lo que han usado para cultivar las semillas naturales ha sido normal(izado).

Lo único que quiero natural es el zumo de naranja. ¡Normal!

desde 1981

Ya ha llovido... Nunca he sabido qué quería ser de mayor y ahora no sé qué quiero ser de joven...

El caso es que en clase de yôga se mabía ocurrido una comparación chulísima para este post, pero como en la postura de la grulla no llevas libreta, se ma olvidao..
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No es una sorpresa que he salío rarita, no me quejo. Me gusta la teoría del amigo de un compi q afirma que todos sumamos 100. Entre belleza, inteligencia, habilidades y demás... la suma total debe ser 100. Es por eso que los pivones son insulsos y los cerebritos son feos jejeje. También puede ser pq los niños monos se pasan el tiempo haciéndose fotos y no echan tiempo leyendo, así que de adolescentes su conversación será insulsa, lo que les convierte en adultos de sonrisa profidén y cerebro escaso. Todos sumamos 100.

En breve me abandonan los patitos. La mejor (y única) reflexión q me han ofrecido en el tránsito éste de cambiar de década, al preguntar para completar el “obligado” balance de 10 años, ha sido: “te diré, desde la experiencia, que el último mes de los 29 se parece bastante al primero de los 30”.

Parece una perogrullez, pero es cierto: llegas a los 30 con el bagaje que has ido acumulando en los 20. Y es lo que tienes para ir tirando, hasta que aprendas. Bueno, en mi caso a los 30 llegaré sabiendo hacer la maleta, meter el bagaje es harina de otro costal.

Hasta ahora, creo que los cambios se producían más que cada 10, cada 5 años. Y qué ha pasado en los últimos? Definitivamente soy otra persona, aunque tengo el mismo sustrato: pucelana, introspectiva y selectiva. Pero más madura, más preparada, más consciente... MAS. Menos princesa, menos pava... MENOS.

Los cuentos de hadas existen no para decirnos que los dragones existen, sino para decirnos que pueden ser vencidos. El problema es que a las niñas nos presentan los cuentos con una princesita para salvar y yo soy más de la opinión de equismagazine: “...el ‘gran daño que han hecho las películas de amor’ al género femenino por tenerlas esperando un Príncipe Azul subidas a una escalera (en este caso la del patio de vecinos, claro) con una limusina (léase Seat Ibiza) y clamando al cielo por su amor.” Absurdo papel de secundona pudiendo protagonizar, producir y vivir del merchandising.

Al final, lo que he fijado en estos pocos años, los últimos de mis 20's, es que no existen los príncipes. El amor verdadero sí puede encontrarse, pero todos nos tiramos pedos y yo no como perdices porque soy vegetariana.

Somos mujeres, digievolucionamos, todo depende de lo que vayamos poniendo en nuestra cabecita y de con quién y qué nos vayamos encontrando en el camino, sin excusarse en otros, cada una es lo que decida ser y nadie tiene derecho a disponer de tu vida excepto tú misma. Al cuerno las viejas costumbres, al cuerno tener que contentar a otros, guardarte tu opinión, quedarte en 2º plano o ejercer de objeto decorativo. Esto no es un culebrón de los 60's.

Tengo una década sin estrenar para hacer prácticas. Objetivo: no ser nunca una princesa. ¡Tengo 30!