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La chincheta

Las recibo aunque no son para mí, las escribo aunque antes man tocao las narices y las envío porque además así a la empresa le hago un favor, ¿o no? Estoy hablando de las reclamaciones.

El finde pasao me compré un conjunto de color beis con rayitas finísimas: un chaleco y un pantalon bajísimo de cadera con tirantes y estrechito por los tobillos. Al día siguiente veo que en el chaleco hay un agujero, de resultas de haber puesto ahí la alarma. Esto es, que la ropa que me voy a poner y pagar YO la utilizas para un bien propio (de la empresa) que es que no te la roben y a mí, que soy quien la paga, me la das con el agujero por hacerte un favor a TI, que me la vendes porque yo quiero? ¿Y no sería más fácil un quid pro quo y que, para hacerte un favor no me j*dieras la prenda y le pusieras la chincheta (porque eso es lo que es la alarma, una chincheta bestial) en la etiqueta?

Pues hoy me voy p'allá resuelta a descambiar el chalequito por otro sin agujero. Se lo doy a la dependienta y le explico: no tendrías uno igual que no tenga agujero? Ella me mira con cara de “esto no ma pasao nunca” y me dice con esa mirada “eres una rara, nadie nunca sa quejao por esto, ya ves tú, un agujerín de ná”. Va a por otro chaleco, le quita la chincheta y me suelta, como quien establece un axioma matemático o te suelta una perogrullada: “Todos van a tener agujerito, eh?” Bueno pues ná, en este plan, como el conjunto entero cuesta 50 pavos, te doy el billete con agujerito, ¿no? A que ahí no te parece tan normal? ¡Pues es lo mismo!

Será que el problema lo tengo yo por no querer pagar por una prenda con agujerito? Seré yo la rara? Pues mira, si no hay chaleco sin agujerito, aquí te traigo el conjunto entero pa devolver. Pierde una compra de 50 pavos sin problema, que me río yo de los multimillonarios, con qué sangre fría ma devuelto el dinero. Creerá que no es su business, pero yo siempre lo pienso: aunque mi empresa no sea MIA, su dinero es mi responsabilidad, porque cuando dejen de ganarlo, me echan.

Tengo que reclamar, porque si me lo quedo dentro, me pasa como al alien de Padre made in USA...

Una queja es un favor...... ¡que se lo hagan a otra!

La verdad es que es según mi propio criterio, nadie me obliga, normalmente suelo molestarme en darlas curso o encauzarles, sobre todo si el caso es “sangrante”, pero hay días que me levanto con el pie torcido o igual es que la gente habla por teléfono como si hablara con la vecina de abajo: te gritan, no dicen ni buenos días, te espetan un “¡¡quéeee???” cuando no han prestado atención o no han oído lo que les has dicho (y lo tienes q repetir, porque si no la maleducada eres tú, claro), te hablan con re-tin-tín llamándote “señorita”, “rica” siempre con un “mira” delante. Me han llegado a llamar incluso lacaya del sistema, asistenta de la-que-no-se-quiere-poner-nunca... algunos hasta me piden mis dos apellidos :-/ (¿quiere Ud. mi libro de familia?).

Podría escribir un libro con lo que me he encontrado en estos 3 años y medio en que, de rebote, me están cayendo las quejas de algunos clientes (porque en comparación con los millones que tiene la empresa, es verdad que es una muestra ridícula, pero súfrela tú cada día!): Felicitaciones navideñas emponzoñadas con reclamación, cartas escritas a mano e ilegibles desde todo punto, misivas con remite ilocalizable, hojas arrancadas de libretas de bolsillo, anotaciones hechas sobre la carta que a su vez le habíamos enviado y aprovechando el mismo sobre para “devolver al remitente”, sobres de tamaño más pequeño que mi mano, mamotretos insostenibles que comenzaban con un “le resumo mi situación”, abuelit@s adorables, c*bronaz@s que empezaban escribiendo más arriba para llegar más abajo, gente que no paga, gente que no quiere pagar, gente que te llama hoy para preguntar por una reclamación que puso ayer por la tarde, anónimos que se c*gan en todo lo que se mueve, gente que nos desea que nos pase lo peor por cortarles el suministro (por no pagar), cuarentones de profesiones liberales ostentosos hasta al enviar cartas que firman con un “abogado D.------” “ingeniero industrial D.-----” “ginecólogo D. ---------”

No puedo escribir el libro sin ejemplos y no puedo adjuntar ejemplos sin violar la LOPD pero es verdad que algunos días no sabes si reírte o llorar. El término medio debe ser algo aproximado a encerrarse en el baño y soltar todos los tacos seguidos en tres idiomas.

Y la gente no sé en qué mundo de la piruleta vive, que se piensa que un directivo de una gran empresa les envía una carta firmada de puño y letra (si hombre, sí, se pasa las noches firmando, en cuanto acuesta a los niños venga a darle al boli, rubrica p'arriba, rúbrica p'abajo). De verdad lo creerán cuando me dicen que “----- ma enviao una carta”? La gestión administrativa del hogar debería ser asignatura obligatoria.

Otra cosa que he descubierto (o, más bien, confirmado) es que House tiene razón: TODO EL MUNDO MIENTE. Ya sólo me falta que me esperen a la salida o peor, que pregunten por mí :-S

Rhaegar luchó valientemente. Rhaegar luchó noblemente. Rhaegar luchó honorablemente. Y Rhaegar murió. Eso me da que pensar.

“Érase una vez una persona acreedora de una cierta cantidad de dinero y/o a la que le requerían una deuda que no procedía.

En un primer momento se plantea lo lógico: reclamar. Ahí empieza la odisea. Podría decirse que la ha cagao.

Todo empieza con una comunicación informal, como un mail o una carta certificada. A partir de la primera queja pueden pasar infinidad de cosas, pero sobre todo, infinidad de tiempo.

Su vida ha cambiado. Tiene que estar pendiente de su cuenta corriente, su e-mail, su buzón, su teléfono... Comencemos, comenzon. Empecemos, empezon.

De su primera carta surge un cruce de comunicaciones con la empresa (si la deuda es con un particular, ahí no tengo experiencia). Empieza con un mail y termina enviando un burofax (que no es barato), remitiendo copia a la OMIC y/o poniendo una denuncia. Es posible que le toque comerse tus palabras y aflojar la mosca
como resultado de un laudo o que, con suerte y al cabo de muchos meses, recupere su dinero, que ya se ha devaluado tremendamente (en caso contrario habría tenido que pagar intereses).

Puede ocurrir que la empresa le ignore desde el principio. En cuyo caso enviará un burofax o una reclamación documentada a la OMIC y puede que recupere su pasta (o no).

Se puede dar el caso de que, después de un mes yendo de buenas, le respondan sumisos al ver llegar el burofax (los menos, pero a veces pasa). O que, tras millones de cruces de cartas, le sigan haciendo llegar amenazantes requerimientos de deuda de diferentes bufetes con cantidades diferentes cada vez (pueden pasar meses, incluso años).”

Efectivamente, no todas las personas somos iguales. Yo espero que traten mejor a mi abuela que a mí. Pero el criterio de la equidad corre por ahí tergiversado, capitalizado.

Qué pereza me da, qué dolor de ojos, CUANTÍSIMO TIEMPO PERDIDO, qué desembolso de pasta para recuperar mi pasta, cuánta gente incompetente te atiende por el camino...


Qué agradable sería si fuera más fácil... Cuánto más efectivas serían las relaciones b2c (business to customer) si no fuera necesario correr detrás.

...líbrame Señor de las reclamaciones. Amén.