El
año ha vuelto a coger ritmo, de nuevo corren las semanas, como si
nunca se hubieran parado para cambiar de dígito. Afortunadamente,
las cosas siguen siendo iguales, lamentablemente las cosas siguen
siendo iguales. Me doy cuenta de que hay cosas que es muy difícil
que cambien, que las corrientes de los rápidos no se remontan en
masa, sino de uno en uno y puede llevar taaaanto tiempo. Como dice
Sampedro, el modelo se creó bajo otras circunstancias pero ahora
esas circunstancias han cambiado, está obsoleto.
El
nuevo año ha traído algunas cosas nuevas, como el pasado. Suena
contradictorio :D Es lo que tienen las redes sociales, muchos las
critican pero es cierto que la entrada de internet con éstas en los
hogares ha hecho que muchas personas no se sientan solas, otras han
encontrado pareja y otras hemos reencontrado viejos amigos. Con la
ilusión, vienen también las reflexiones, porque los amigos del
pasado traen a tu mente cómo eras y cómo eran las cosas entonces.
En mi caso se resume en una sola palabra: pava. Inocente, sosa y
empollona como no está en los escritos. Y físicamente también muy
diferente. El paso del tiempo me ha sentado muy bien, a todos los
niveles. No puedo decir lo mismo del tío por el que estaba loca en
el insti jajajajaja.
Publicamos
centenares de comentarios que a nadie excepto a unas pocas personas
les importan (como este blog que no lee ni mi prima la churrera
cuando se aburre), pero es terapéutico soltarlo y permite algo que
no podía conseguirse antes y es que la gente de tu alrededor conozca
otras facetas de ti, conozca cómo piensas, qué te pasa por la
cabeza o cosas que no te atreves a decir delante de ese tío porque
con ese par de ojazos sólo puedes mirarle y balbucear “sí, hoy
hace algo más de frío” cuando en realidad querrías decir
“quedamos para tomar algo y desayunas en mi casa?”.
Las
bondades y maldades de internet no las voy a comentar aquí porque es
otra de esas cosas que están tratadísimas en la mierdosfera, pero
sí es cierto que a mí, como dice mi abuela “me entretiene mucho”.
