Back from... la capital de Europa

Dejas que otra persona compre los billetes de avión por ti y terminas levantándote a las 4 de la mañana para coger un vuelo tempranero a las 6am y llegar allí a las 7.30. En el hotel no te admiten early check-in pero entre que tomas un café en el aeropuerto, compras el billete del bus que te lleva al centro, coges ese bus (lleno de garrulos, por cierto, menudo viajecito) y llegas efectivamente a la estación Victoria (90min aprox.) ya te han dado las 11 de la mañana. Dejas las maletas en recepción y, mientras te dan una habitación, vas a prospectar el terreno y, de paso, a desayunar como es debido.

Estamos en Londres. Me encanta. Se respira mejor, los edificios son de 4 alturas, hileras de casas blancas con columnas corintias, pubs "de verdad", locales de colores y un montón de... ¡españoles! Les hemos invadido y no sehan dado cuenta jajaja.

Se nota de dónde somos allá donde vamos. En el restaurante donde cenamos, hay un grupo de españoles hablando a voz en grito. Cuando ellos se van ¡se oye la música! pero en cuanto nos reconocen, quitan Frank Sinatra y ponen esa horrible música que no soportamos y que creen que es lo que escuchamos los españoles (mi#rda de tópicos).

Nos ha dado tiempo a su pequeña ruta turística, a hacer fotos (ahí me da el TOC), a ir de compras a Camden (me encanta y qué bien se come aunque una pena, ya no estaba aquel puesto de pendientes donde me compré unas maravillas el año pasado), a subir en bus de dos pisos, a disfrutar de las tiendas retro y de los pubs de madera en los que no se puede fumar, a escucharnos hablar en inglés, a pasear por la capital de Europa y a escuchar su música y su devenir multicultural.

Tuvimos el placer de asistir a una boda: un pueblecito encantador con su precioso pub, invitados multiculturales (escoceses con su kilt, africana con traje tradicional, franceses, españoles, italianos, ingleses...), un vicario protestante que hizo las delicias de "su público", una lectora de poema que llegó tarde, un matrimonio que casi no llega...
En bus al barco, recorrido por el Támesis, cena, discursos ("cuando mi hija me presentó a su novio, yo sólo sabía que era italiano, que no trabajaba y que conducía una moto, y no me gustó"), postre, baile de apertura (no fue un vals), tarta de los novios (sopotocientos pisos de... ¡donuts!) y, como había muchos españoles, música horrible hasta que "abroncaron" al dj y empezó a poner música de verdad. Fin de fiesta y abajo. A un club junto al río (no os preocupéis, estamos en la lista). Y más fotos, y más risas y...

De nuevo pisamos lugares conocidos que me encantan, disfrutamos de estar, soñamos con quizá vivir allí algún día y dijimos adiós.

De vuelta a la realidad, el recuerdo de haber estado allí se hace dulce y siempre invita a volver.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me encanta todo lo escribes porque veo, sineto y oigo a través de tus sentidos. UN ABRAZOTE