Un trayecto al Ikea es como un viaje al otro mundo. Es muy bonito cuando piensas en medidas, colores, cómo colocarás esto y aquéllo en tu casa... Haces una lista, calculas precios y agendas un día para ir. Hasta ahí todo bien. Hasta que empieza... ¡el periplo! (música de peli de terror).
Es un día aciago aquél en que tienes que emprender un largo viaje (y si no que se lo pregunten a Frodo). Ya el camino hasta el bus que te llevará al destino es larguete (2 transbordos). Y vas en bus porque no tienes coche, por lo que tardas 50min, entre unas cosas y otras (todas esas cosas se llaman transporte público y atasco).
Una vez allí, inocentemente piensas que como llevas tu lista hecha vas a tiro hecho, nada más lejos de la realidad, algo que ya deberías haber intuido cuando lees en la web "consultar disponibilidad al personal en tienda".
Pero espera, que todavía me he saltao un capítulo, el de las dos abuelas, que entran en la categoría de "grupos y familias que no tienen nada mejor que hacer que pasar la tarde en el Ikea, aunque sólo sea pa comprar un paño" (luego hay otras categorías, como la de "hija frustrada guiando a madre perdida" o "padre de familia harto, no se sabe si de la falta de aparcamiento para el coche o para la familia", etc). Ésas abuelas, decía yo que, no habrá sitios libres en el mega-autobús de dos cuerpos que se te tienen que sentar justo detrás para "deleitarte" (un eufemismo moderno que significa "darte ganas de ahorcarte con los tendones de tus propios brazos") con los chasquidos de sus dentaduras postizas comiendo caramelos de toffee (no sin leer antes los ingredientes, no es coña). "No hemos pasado por el pueblo. ¿Hemos pasado por el pueblo?" "¿Eh?" "Que no hemos pasado por el pueblo" "Me ha dicho mi hija que tengo que cambiar los azulejos de la cocina" "¿Pues no son blancos?" "Oye" "Mmm??" "¿No hemos pasado por el pueblo?" "¿Eh?" Todo esto intentando leer (pasando del párrafo en que empezaste, a ser posible).
Carezco de sentido de la orientación, menos mal que los carteles de las megastores son grandes (volver de la tienda a la parada del autobús ha sido para mí todo un ejercicio de "Buscando a Wally") porque soy un poco Dory con las direcciones.
Entras. Paso 1: coger un carrito alargado (está todo plagado de carritos normales, que para la compra en el super están bien pero para una estantería de 1,71m no sirven). Paso 2: directamente al multiservicio (porque vas con tu lista hecha, te ahorras la expo, las familias, la lentitud... ¡ay! inocente). Paso 3: Busca por pasillo y sección; pares a un lado, impares al otro. Está todo. Paso 4: localiza y aborda a una persona de uniforme que te ayude a encontrar lo que no sabes dónde está (si ya las señoras del bus te dieron dolor de cabeza, aquí acabas perdiendo además la paciencia. Haz cola, pregunta, explícale que quieres, te lo busca, te indica, te imprime, te da, te vas. Paso 5: por fin lo tienes todo. A la caja. Busca en la que te contratan transporte. Pagas y te dicen que el transporte es en otro mostrador con la empresa pukinuki (entonces qué más da en qué caja pague? En fin...).
Una cosa que te llevas puesta, el resto te lo llevan a casa, por un "módico" precio. Ya has pedido un favor: que te lo monten (menos mal que todavía hay quien entiende los favores sin cobrar). Esperas fervientemente que todo llegue bien, que la empresa te lo traiga a la hora en que quedó, que no haya nada roto... En definitiva: que no haya motivos para tener que poner otra reclamación y puedas simplemente gozar de la novedad en tu casa (rosa, amarillo, blanco... esto aquí, eso allá...). Que la entrega no dé para otra historia y que todo quede como te lo habías imaginado antes de ir para que puedas engañarte pensando que el viaje y el gasto han merecido la pena.