Barcelona
siempre es genial. La gente luce diferente, hasta la cerveza sabe
diferente. Será porque al lado del mar todo está más rico, pero
creo q también influye el hecho de que sea tan cosmopolita, es
nuestro pequeño Londres. Monumentos, tiendas vintage, tribus
urbanas, carnicerías halal...
Siempre
que voy me encanta. Se está convirtiendo en costumbre alojarse
siempre en el mismo hostal, en el Raval. No tiene ascensor, pero a
eso ya estoy acostumbrada. Y cómo no voy a repetir! Si la última
vez me despertaron un domingo unos tíos “jugando” con un trilero
debajo de mi ventana.
Tienes
al lado las ramblas, el mercado de Sant Antoni, el mercadillo del
Raval, los cafés y los edificios más alternativos. Si te mueves un
poco, tienes la zona pija, pero también con los edificios más
emblemáticos, aunque la verdad es que en Barcelona allí por donde
te muevas mira siempre hacia arriba, las fachadas son alucinantes.
También
encontré una librería que, aunque estaba especializada en catalán
y no lo entiendo, encontré un libro fantástico, mi maravilloso
autorregalo de Navidad con el que estoy feliiiiiiiiiz. Intenté
probar un café que había leído en un blog pero estaba cerrado.
El
1er día estuvimos en una reunión de retroinformática. Hablan otro
idioma. Hemos disfrutado restaurantes con decoraciones chulísimas y
comida aún mejor, paseado por la playa (incluyendo entre las vistas
a un tío en pelotas por la arena jejeje), nos hemos colado en el
único garito abierto un domingo a la 1.30 de la madrugada, hemos
disfrutado del sol, de no llevar reloj y de cada rincón de la muy
europea Barcelona.